El presidente del Polo Productivo de la Región Oceánica Bonaerense sostuvo que la economía azul no se limita al mar, sino que abarca ríos, acuíferos, lagunas y toda actividad vinculada al agua. Planteó que el desarrollo productivo debe combinar inversión, conocimiento, trazabilidad ambiental y participación de los sectores público y privado.
El presidente del Polo Productivo de la Región Oceánica Bonaerense, Miguel Ángel Sánchez, afirmó que la economía azul debe entenderse como un modelo integral de desarrollo que combina producción, recursos hídricos, sostenibilidad ambiental, innovación y responsabilidad social.
En entrevista con Central Radio 1140 AM, desde la ciudad argentina de Puerto Madryn, donde participa de unas jornadas sobre Economía Azul, Sánchez señaló que este concepto no se restringe únicamente a mares y océanos. El enfoque alcanza a ríos, acuíferos, lagunas, lagos, puertos, industria naval y comunidades vinculadas a estos sistemas.

Producir sin descuidar los recursos
Sánchez sostuvo que la economía azul no implica necesariamente rechazar actividades como la explotación petrolera offshore o la minería. El desafío está en cómo se desarrollan esas actividades y qué mecanismos se utilizan para reducir sus impactos socio-ambientales.
“Cuidar los recursos no significa que no se deban desarrollar, sino aplicar métodos sinceros, transparentes y reales en el cuidado de los mismos”.
También remarcó que la contaminación no proviene únicamente de las grandes industrias, sino también de residuos urbanos, aceites, detergentes y basurales que afectan acuíferos, ríos y finalmente el mar.
Hidrovía: pide estudios de impacto ambiental
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue el impacto ambiental del transporte fluvial y de la Hidrovía Paraguay-Paraná. Al respecto sostuvo que las actividades marítimo-fluviales cuentan con controles y protocolos importantes, pero advirtió que la trazabilidad ambiental debe contemplar toda la cadena productiva.
Explicó que no se debe analizar únicamente el barco, la barcaza o el remolcador, sino también el origen de la carga, su producción, transporte y destino final.
“Hoy no se puede hacer nada sin un estudio de impacto ambiental”.
Responsabilidad compartida
Sánchez rechazó que la responsabilidad ambiental recaiga exclusivamente sobre las empresas.
“Si enfocamos solamente a la empresa de transporte, o a la que sea, nos quedamos cortos”.
Afirmó que gobiernos nacionales y locales, empresas y ciudadanos tienen obligaciones en el cuidado de los recursos hídricos. Por eso la economía azul supone precisamente integrar esas responsabilidades y abandonar una visión fragmentada del desarrollo.
Estado, empresas y universidades
Otro eje central fue la necesidad de articular al sector público, el privado y la academia. Sánchez explicó que en Argentina se desarrollan experiencias donde las empresas llevan problemas concretos a las universidades y estas buscan soluciones mediante investigaciones de docentes y estudiantes.
“Acá nada se puede hacer hoy si no participa el capital privado, el sector público, y el sector de conocimiento a través de las universidades”.
Defendió que este modelo de cooperación está dando resultados positivos y puede aplicarse tanto a proyectos productivos como a iniciativas ambientales y tecnológicas.
Financiamiento y paradiplomacia
También destacó la existencia de organismos financieros como el CAF (Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe) que pueden respaldar proyectos de economía azul y verde.
Además, introdujo el concepto de paradiplomacia, entendido como la vinculación internacional desarrollada por municipios, gobiernos subnacionales, universidades, cámaras empresariales y organizaciones no gubernamentales. Estas redes pueden facilitar cooperación, conocimiento y nuevas alternativas de financiamiento más allá de la diplomacia tradicional ejercida por los gobiernos nacionales.
“Porque realmente la internacionalización depende de todos”
Pesca artesanal y piscicultura
Sánchez defendió también el papel de la pesca artesanal dentro de la economía azul.
“Un lugar fundamental, porque la pesca artesanal sigue existiendo, gracias a Dios, en los mares, en los ríos, en las lagunas, sobre todo en América Latina y el Caribe”.
Planteó que la piscicultura debe desarrollarse como complemento para las comunidades pesqueras, especialmente ante el crecimiento futuro de la demanda mundial de alimentos. Pero este proceso deberá apoyarse nuevamente en conocimiento técnico, formación profesional y cooperación entre productores, universidades y Estado.
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