El historiador Roberto Paredes sostiene que las Ligas Agrarias Cristianas surgieron como una organización campesina impulsada por sacerdotes jesuitas, basada en el trabajo comunitario, la solidaridad y la economía familiar.
Una historia que no empieza en 1976
El historiador y periodista Roberto Paredes analizó el origen, desarrollo y represión de las Ligas Agrarias Cristianas (LAC), un movimiento campesino que marcó una etapa clave de la historia social y política paraguaya durante la dictadura de Alfredo Stroessner.
Durante una entrevista emitida en Central Radio 1140 AM, Paredes advirtió que no se puede reducir la historia de las Ligas Agrarias únicamente a la llamada “Pascua Dolorosa” de 1976, episodio asociado a la represión contra sectores campesinos organizados.
Según explicó, ese hecho debe comprenderse dentro de un proceso más largo, iniciado en la década de 1960, cuando comenzaron a organizarse experiencias comunitarias rurales impulsadas principalmente por sacerdotes jesuitas.
“La llamada Pascua Dolorosa es parte de un proceso extendido. Comienza en los años sesenta, cuando nacen las Ligas Agrarias”, explicó.

El papel de los jesuitas y la economía campesina
Paredes señaló que las Ligas Agrarias surgieron en un contexto rural donde todavía no predominaban con fuerza los cultivos de renta que luego marcarían la economía campesina paraguaya, especialmente el algodón.
En ese escenario, los impulsores del movimiento promovían una forma de vida comunitaria basada en el trabajo colectivo, la ayuda mutua y la producción orientada al autoconsumo.
El historiador destacó la influencia de sacerdotes jesuitas como José Luis Caravias y otros religiosos que alentaron experiencias de organización campesina, educación comunitaria y cooperación entre familias rurales.
Según relató, el modelo defendido por las Ligas buscaba construir comunidades más solidarias, donde las familias compartieran trabajo, recursos y producción. “Era un discurso muy romántico y fuerte: vivir como hermanos, compartir, trabajar colectivamente”, añadió.
Dos modelos rurales en conflicto
Para Paredes, el conflicto de fondo no puede entenderse solamente desde la acusación de comunismo que el régimen stronista utilizó contra los campesinos organizados.
A su criterio, la tensión principal estaba entre dos modelos de producción y de vida rural. Por un lado, las Ligas Agrarias promovían una economía campesina familiar, con énfasis en el autoconsumo, la cooperación y la organización comunitaria. Por otro lado, se imponía progresivamente un modelo orientado al cultivo de renta y a la inserción en una economía capitalista más amplia.
Ese choque se profundizaría años después con el auge del algodón, conocido como el “oro blanco”, que transformó la vida rural paraguaya y empujó a muchos campesinos hacia la producción comercial.
Un movimiento relevante, aunque no masivo
Paredes aclaró que las Ligas Agrarias no deben ser sobredimensionadas como un movimiento que abarcó a decenas de miles de personas en todo el país.
Estimó que pudieron haber involucrado a unas 1.500 familias, con mayor presencia en zonas de Misiones, Caaguazú y San Pedro.
Sin embargo, resaltó que su importancia histórica no radica únicamente en su tamaño, sino en el discurso social, comunitario y político que introdujeron en el Paraguay rural. Ese legado, opinó, merece ser estudiado sin romantizaciones ni simplificaciones.
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