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Luis Ramírez: vocación educativa, visión política y el desafío de transformar la escuela pública paraguaya

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En el programa Política 360 de Central Radio 1140 AM, Luis Ramírez, ministro de educación, mencionó que cuando el entonces presidente electo Santiago Peña lo convocó para asumir el Ministerio de Educación y Ciencias, no respondió de inmediato con un sí.

Ramírez, es educador, psicólogo y gestor educativo, con décadas de trabajo en aulas, direcciones escolares y proyectos pedagógicos innovadores, Ramírez comprendía con claridad la magnitud del desafío que implicaba conducir uno de los ministerios más sensibles del Estado: la formación de más de un millón de estudiantes y el rumbo educativo del país.

“Nos reunimos varias veces, conversamos muchísimo. No fue una decisión fácil”. La experiencia previa como asesor de distintos ministros y su conocimiento profundo del sistema educativo le permitían anticipar las complejidades de la gestión pública.

“Sentí que era una oportunidad única para proponer cambios estructurales y fundamentales, algo que solo es posible cuando existe un acompañamiento real desde la Presidencia”, explicó.

Una vida atravesada por la educación

Ramírez se define, ante todo, como educador. Inició su carrera como maestro de aula, se formó en institutos de formación docente y desarrolló su vocación en una familia profundamente ligada a la educación. Su madre fue una de las pioneras del nivel inicial en Paraguay, mientras que su abuela dirigió escuelas en el interior del país, una herencia que marcó tempranamente su compromiso con la enseñanza.

Además de su paso por instituciones educativas de gran escala, colegios con más de mil alumnos, impulsó la creación de un centro educativo innovador, concebido sin aulas tradicionales y orientado a pedagogías anticipatorias, una experiencia que hoy considera clave para pensar la escuela del futuro.

“Vengo de una familia de educadores y de una trayectoria que me permitió conocer la educación desde todos sus niveles, desde el aula hasta la gestión”, señaló.

Ese recorrido también facilitó su vínculo con el actual presidente, con quien compartió visiones sobre la necesidad de recuperar la calidad y la centralidad de la educación pública como motor de desarrollo nacional.

El salto a la gestión pública

Aceptar el cargo implicó abandonar un espacio de creación propio y una trayectoria consolidada en el ámbito privado. Ramírez reconoció que la decisión fue emocionalmente exigente.

“Dejar lo que uno construyó no es fácil, pero más me iba a costar no haberlo intentado. Sentí que era una forma de devolverle al país todo lo que me dio”, afirmó.

A dos años y medio de haber asumido, aseguró que volvería a tomar la misma decisión, incluso con mayor convicción, pese a las diferencias estructurales entre el sector privado y la administración pública.

“El miedo inicial es natural, pero hoy tengo más criterio y más certeza sobre el camino elegido”, sostuvo.

La política como construcción de consensos

Consultado sobre su concepción de la política, Ramírez propuso una definición alejada de la lógica partidaria o meramente técnica. Para él, la política es una práctica inherente a toda actividad humana.

“La política es el arte de unir intereses contrapuestos. Está presente en la familia, en el trabajo, en cualquier organización”, explicó.

A su entender, los problemas sociales no se resuelven solo desde la racionalidad técnica, sino desde la razonabilidad, es decir, la capacidad de transformar una idea en acción considerando a las personas, sus intereses y sus contextos.

“Una idea solo puede ponerse en marcha con personas. Eso es la política: la razonabilidad aplicada a la acción”, sintetizó.

Paraguay, educación y oportunidad

Ramírez reivindicó a Paraguay como un país de valores humanos sólidos, vínculos sociales fuertes y un enorme potencial de crecimiento.

“Paraguay tiene algo que muchos países están perdiendo: la relación humana, la cordialidad, la familia, la posibilidad de encontrarnos con otros”, destacó.

Subrayó que el desarrollo del país dependerá de una educación pública fortalecida, capaz de generar equidad y abrir oportunidades reales para todos los paraguayos. Según afirmó, el objetivo del Gobierno es consolidar una escuela pública de calidad que acompañe el crecimiento económico y preserve los valores culturales y sociales que distinguen al país.

“El Paraguay va a crecer mucho. Necesitamos una sociedad que no pierda su calidez humana y que siga siendo una opción para quienes buscan un lugar donde vivir con dignidad y oportunidades”, concluyó.

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