El analista político Caio Manhanelli sostuvo que la segunda vuelta brasileña estará marcada menos por una división ideológica clásica que por el rechazo hacia Lula y los Bolsonaro. Afirmó que Flavio Bolsonaro podría estar cerca de su techo electoral tras ganar la primera vuelta mientras Lula tendría mayor margen para crecer, y señaló que la campaña del PT deberá revisar su mensaje, buscar alianzas y movilizar a quienes ya participaron en la primera vuelta.
El analista político Caio Manhanelli, desde Brasil, sostuvo que el resultado de la primera vuelta muestra una elección marcada por una fuerte polarización, aunque no necesariamente en términos ideológicos.
En entrevista con Central Radio 1140 AM, Manhanelli planteó que buena parte del voto hacia Flavio Bolsonaro se explica por el rechazo al Partido de los Trabajadores (PT), de Lula Da Silva.
“El fenómeno no tiene que ver con Bolsonaro, tiene que ver con el odio a la izquierda en Brasil”.
“Deberíamos llamar antipetismo, no bolsonarismo”
Manhanelli cuestionó el concepto de “bolsonarismo” como explicación principal del comportamiento electoral.
“Epistemológicamente hablando deberíamos llamar de antipetismo, no de bolsonarismo”.
Según su lectura, quienes respaldan a la familia Bolsonaro conforman en buena medida un electorado movilizado por su rechazo al PT, de ahí el antipetismo. El analista consideró, además, que Flavio Bolsonaro podría haber alcanzado una parte importante de su techo electoral en esta primera vuelta con 56 millones de votos.

Flavio llega fortalecido a la segunda vuelta
Aunque planteó que Bolsonaro podría estar cerca de su techo, Manhanelli reconoció que el resultado de la primera vuelta motivo a sus militantes. Esto porque la campaña venía desarrollándose con menos entusiasmo y el resultado electoral modificó ese escenario.
“Ahora les motivó mucho más a buscar la victoria en la segunda vuelta y es el favorito de verdad”.
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Una “polarización por rechazo”
Para el analista, el desgaste de la política brasileña viene acumulándose desde la elección anterior. Recordó que en 2022 la diferencia entre Lula y Jair Bolsonaro en segunda vuelta fue reducida y utilizó ese antecedente para explicar la consolidación de una división basada principalmente en rechazo.
“Hay una polarización por rechazo, la gente no le quiere, mitad de la gente no le quiere a Lula y la otra mitad no le quiere a los Bolsonaros”.
Según Manhanelli, esto no equivale a que la sociedad brasileña esté distribuida de manera uniforme entre izquierda y derecha.

15% a la izquierda, 15% a la derecha y 70% fluctuante
El consultor planteó una distribución del electorado en tres grandes sectores.
“Tenemos 15% más o menos a la izquierda, 15% más o menos a la derecha […] y 70% que están ahí intercambiando”.
Ese 70% no responde a una identidad ideológica rígida, sino que puede desplazarse dependiendo de qué candidatura genere mayor o menor rechazo.
“No es una polarización en los términos clásicos, pero sí una polarización que tiene que ver con rechazo”. Manhanelli definió esta situación como una “polarización ilusoria”.
Lula tendría más margen para crecer
Manhanelli sostuvo que una de las claves de la segunda vuelta será determinar cuánto margen de crecimiento conserva cada candidatura. Por un lado Flavio Bolsonaro estaría aproximadamente a dos millones de votos de la marca alcanzada por su padre Jair en la segunda vuelta anterior, mientras Lula necesitaría sumar alrededor de siete millones para llegar a su propio resultado de 2022.
“Flavio está muy cerca de su techo […] mientras que Lula tiene un techo mucho más alto, o tuvo”.

“La segunda vuelta es una nueva elección”
Para Manhanelli, uno de los principales errores sería interpretar el balotaje simplemente como una continuidad automática de la primera vuelta.
“La segunda vuelta es una nueva elección, no una nueva campaña”.
A partir de esa premisa, identificó dos tareas centrales para el PT: negociar con fuerzas que quedaron fuera de la segunda vuelta y revisar profundamente el mensaje de campaña.
“Lo primero que tienen que hacer es buscar los votos de los otros candidatos”.
Votos de otros candidatos podrían definir la segunda vuelta
La conversación también abordó el destino de los electores de candidaturas que quedaron fuera del balotaje. Manhanelli sostuvo que el electorado del Partido Novo tendría una inclinación mucho más clara hacia Bolsonaro.
“La gente que vota el Novo realmente es la extrema derecha brasileña”.
Lo caracterizó además como un electorado de orientación ultraliberal y con un fuerte componente antipetista.

Derecha conserva ventaja en el Congreso
Consultado sobre la composición legislativa, Manhanelli evitó dar cifras cerradas, pero adelantó que observa una mayoría de sectores de derecha. También comentó dificultades de partidos de izquierda y señaló pérdidas de candidaturas competitivas en distintos estados.
Según él, la derecha logró ejecutar mejor el llamado “voto casado”, alineando candidaturas presidenciales, legislativas y regionales.
Redes sociales facilitaron el “voto casado”
Manhanelli atribuyó parte de esta dinámica electoral al creciente peso de plataformas digitales. Las mismas permiten simplificar la comunicación política y facilitan que los electores acompañen listas completas de un mismo espacio.
“Las redes sociales tomaron cuenta de una parte importante del electorado (…) Es mucho más fácil lograr ser un voto totalmente casado”.
Habla de “voto avergonzado” hacia Bolsonaro
Al analizar diferencias entre encuestas y resultados en algunos territorios, Manhanelli planteó otra hipótesis:
“Había un voto avergonzado hacia Bolsonaro más que hacia Lula”.
Según explicó, algunos electores habrían declarado apoyo a otras candidaturas durante la campaña, pero finalmente habrían votado por Flavio Bolsonaro. Presentó esta idea como una hipótesis para explicar por qué Bolsonaro terminó creciendo por encima de algunas estimaciones previas.
Hubo injerencia internacional en las elecciones

En el cierre, Manhanelli fue consultado sobre una posible influencia extranjera en el resultado y respondió que considera difícil medir su incidencia, pero sostuvo que sí existió.
Mencionó declaraciones de Donald Trump, tarifas impuestas, ejercicios militares, decisiones de plataformas digitales y contenidos retirados de redes sociales.
“Hubo muchísima interferencia desde tanto de los Estados Unidos […] hasta de las big techs”.
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