El analista político brasileño Caio Manhanelli sostuvo que Luiz Inácio Lula da Silva inicia la etapa oficial de campaña con ventaja sobre Flávio Bolsonaro, aunque advirtió que la polarización no explica por sí sola el comportamiento del electorado. También señaló que la campaña vuelve a recuperar presencia territorial y actos masivos, mientras crece la judicialización de la disputa.
BRASIL. Brasil ingresó en la fase decisiva de una elección presidencial marcada por la ventaja inicial de Luiz Inácio Lula da Silva y una disputa en la que Flávio Bolsonaro aparece como su principal adversario desde la derecha.
En entrevista con Central Radio 1140 AM, el analista político brasileño Caio Manhanelli sostuvo que el comienzo formal de la propaganda electoral permitirá observar con mayor claridad la estrategia, el tono y la capacidad de movilización de las candidaturas. El primer turno de las elecciones generales brasileñas está previsto oficialmente para el 4 de octubre de 2026 y una eventual segunda vuelta para el 25 de octubre.

Lula lidera, pero la disputa sigue abierta
Manhanelli señaló que las mediciones disponibles colocan al izquierdista, Lula Da Silva, por delante del derechista Flávio Bolsonaro y consideró que el actual escenario vuelve a plantear una posibilidad que históricamente ha sido difícil para el Partido de los Trabajadores: alcanzar la Presidencia en primera vuelta.
“De todas las veces que Lula disputó, esa quizás sea la más alta posibilidad que llegó la chance de que logre ganar en primera vuelta”.
Las encuestas recientes confirman una ventaja de Lula, aunque con diferencias que varían según el estudio. La medición de Quaest divulgada el 14 de agosto lo ubicó con 38% frente a 31% de Flávio Bolsonaro en primera vuelta; otros sondeos muestran una competencia más estrecha en una eventual segunda vuelta.

Una polarización que, según Manhanelli, tiene matices
Para el analista, hablar exclusivamente de un Brasil dividido entre dos bloques puede simplificar demasiado el escenario.
“Acá en Brasil en verdad las encuestas enseñan a Lula en la primera vuelta pero la polarización es un poco ilusoria”.
Manhanelli diferenció a los sectores fuertemente identificados con Lula o con Bolsonaro de una franja más amplia del electorado que, según su análisis, no participa de la disputa con el mismo nivel de adhesión emocional. La diferencia aparece especialmente entre las encuestas estimuladas —en las que el elector recibe una lista de candidatos— y las respuestas espontáneas.
Las campañas regresan a las calles
Desde la comunicación política, Manhanelli destacó otro fenómeno: el regreso de los actos territoriales y las concentraciones masivas después de años en los que las campañas fueron desplazándose hacia los ecosistemas digitales. Como ejemplo mencionó el lanzamiento de Lula en São Bernardo do Campo, territorio vinculado con el inicio de su trayectoria sindical y política.
“Me pareció interesante regresar a estas prácticas y mirar una multitud en un evento popular, cosa que se perdió mucho en Brasil”.
Para el analista estos actos vuelven a cumplir una función política concreta: proyectar estructura, movilización y fortaleza electoral. El siguiente punto será la propaganda masiva en radio y televisión, donde podrá identificarse con mayor precisión el tono narrativo de las campañas.
Más judicialización en la disputa electoral
Otro elemento que Manhanelli considera distintivo respecto de la campaña presidencial anterior es una mayor presencia de controversias judiciales, lo que incorpora un frente adicional a la competencia política tradicional.
“Lo que estamos mirando es una judicialización mucho más fuerte que hace cuatro años atrás”
Paraguay y Brasil: intereses que trascienden elecciones
Manhanelli también destacó la relevancia que el resultado brasileño tendrá para Paraguay por la profundidad de la relación bilateral. Valoró que las diferencias ideológicas entre gobiernos no impidan mantener vínculos institucionales y sostuvo que esa lógica debe prevalecer en las relaciones entre Estados.
“No necesitamos tener presidentes alineados ideológicamente, pero necesitamos sí tener presidentes que son buenos estadistas”.
En ese contexto mencionó dos temas especialmente sensibles para Paraguay: Itaipú y la eventual devolución del Cañón Cristiano, asuntos que, a su criterio, continuarán formando parte de la agenda bilateral más allá del resultado electoral.
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