El politólogo Hugo Duarte sostuvo que la política contemporánea atraviesa una transformación profunda que ya no puede explicarse con las categorías tradicionales. Producido por el debilitamiento del centro político, la pérdida de confianza ciudadana y el surgimiento de nuevas formas de representación.
El fin de un modelo político que dominó durante décadas
Durante una entrevista en Central Radio 1140 AM, el politólogo y consultor político Hugo Duarte afirmó que gran parte de los análisis actuales continúan utilizando esquemas que ya no logran explicar los cambios que experimentan las sociedades.
Según explicó, después de la Segunda Guerra Mundial se consolidó un acuerdo implícito entre la ciudadanía y los sectores políticos de centro. Ese modelo prometía estabilidad, crecimiento económico y mejores oportunidades para las nuevas generaciones a cambio del respaldo social a proyectos moderados, alejados de los extremos ideológicos.
Sin embargo, Duarte considera que ese contrato comenzó a romperse gradualmente cuando las principales decisiones económicas dejaron de estar bajo influencia directa de la ciudadanía. “Cada vez el voto decidió menos sobre aspectos fundamentales de la vida cotidiana”, explicó al respecto.

Una ciudadanía que ya no confía en las instituciones
El analista citó investigaciones internacionales que reflejan un deterioro de la confianza pública en gobiernos e instituciones políticas.
A su criterio, una parte importante de la población percibe que los gobiernos ya no representan los intereses de la mayoría, sino los de grupos económicos o sectores privilegiados. Esa sensación alimenta el desencanto político y explica por qué los discursos tradicionales pierden capacidad de movilización.
Duarte señaló que esta situación no es exclusiva de América Latina y puede observarse también en Europa y otras regiones del mundo. “La gente siente que el sistema ya no responde a sus necesidades”, resumió.
Perú como ejemplo de una crisis persistente
Al analizar la situación peruana, destacó que el país atraviesa una etapa de inestabilidad política crónica, caracterizada por elecciones extremadamente ajustadas, cambios frecuentes de gobierno y una fuerte división territorial.
Según explicó, existe una marcada diferencia entre regiones que apoyan proyectos de centroderecha y otras que respaldan propuestas de centroizquierda, generando una polarización geográfica y social que dificulta la construcción de consensos.
Paradójicamente, indicó que esta fragilidad política convive con una economía que mantiene niveles de crecimiento relativamente sostenidos.
La necesidad de una nueva matriz de análisis
Para Duarte, los fenómenos actuales exigen revisar profundamente las herramientas con las que se interpreta la política.
Afirmó que muchos sectores continúan explicando la realidad con categorías que fueron útiles hace décadas, pero que hoy resultan insuficientes para comprender las nuevas demandas ciudadanas, los cambios tecnológicos y las transformaciones culturales.
“El mapa cambió, pero seguimos intentando entenderlo con referencias antiguas”, señaló. En ese contexto, advirtió que la política enfrenta el desafío de reconstruir vínculos de confianza con una ciudadanía cada vez más escéptica y menos identificada con las estructuras tradicionales.
Un fenómeno que también alcanza a Paraguay
Si bien considera que Paraguay mantiene niveles de estabilidad mejores en relación a otros países de la región, Duarte sostuvo que las señales de cambio también están presentes.
La pérdida de confianza en las instituciones, el crecimiento del desencanto político y la búsqueda de nuevas formas de representación forman parte de un proceso que, según afirmó, obliga a repensar cómo se analiza y se interpreta la realidad política nacional.
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