El ministro de Agricultura y Ganadería, Carlos Giménez, realizó una evaluación del desempeño del sector agropecuario durante el 2025 y delineó los principales desafíos para el 2026. Exportaciones récord, posicionamiento internacional de la carne paraguaya, precios internos y el rol pendiente de la agricultura familiar.
Un 2025 con números auspiciosos.
Según el titular del MAG, el 2025 cerró con resultados positivos, especialmente en el sector cárnico. Destacó la rápida consolidación del mercado estadounidense, abierto a finales del 2024, que en poco más de un año se convirtió en el segundo destino más importante de la carne paraguaya.
Calidad como diferencial estratégico.
Giménez enfatizó que el desafío ya no es solo exportar más, sino exportar mejor. En ese contexto, valoró la certificación grassfed obtenida recientemente por un frigorífico paraguayo, que permite posicionar la carne nacional como un producto diferenciado en mercados exigentes.
“Tenemos calidad, pero tenemos que hablar de esa calidad”, sostuvo, señalando que la promoción internacional debe ser una tarea compartida entre productores, industria y gremios.
El impacto en el consumo interno.
El ministro reconoció que el incremento del precio internacional de la carne también genera tensiones en el mercado local, en un país con fuerte tradición de consumo de carne bovina.
“Ese incremento del precio también patea al consumidor final”, admitió, explicando que el fenómeno impulsa cambios en los hábitos de consumo, con mayor presencia de proteínas alternativas como pollo y cerdo.
Ganadería más eficiente, menos stock.
Explicó que la ganadería paraguaya atravesó un período crítico, en el que incluso se trabajó a pérdida. Sin embargo, señaló que el sector logró ganar eficiencia, con menor cantidad de cabezas pero mayor volumen de exportación.
“Cuando los márgenes se reducen, hay que trabajar sobre la eficiencia y la excelencia”, afirmó, destacando que ese proceso fortaleció la competitividad del sector.
Agricultura familiar.
Por un lado, un sector empresarial fuerte y exportador; por otro, una agricultura familiar que aún no logra integrarse plenamente al modelo de crecimiento.
“Estamos hablando de unas 250.000 familias”, precisó el ministro, reconociendo que el MAG solo alcanza a acompañar a cerca del 25%.
Mencionó productos como sésamo, banana, chía, piña y tomate como oportunidades reales de integración, aunque admitió que el desafío es cultural, organizativo y presupuestario.
Fin del asistencialismo.
Sostuvo que uno de los principales cambios fue romper con un modelo asistencialista y prebendario. Reveló que se detectaron 7.000 beneficiarios inexistentes, lo que permitió depurar programas y reasignar recursos.
Pérdidas productivas y falta de valor agregado.
El ministro se refirió a la pérdida recurrente de cosechas frutihortícolas por falta de procesamiento y comercialización, un problema estructural que afecta a pequeños productores.
“No puede ser que con salario mínimo paguemos tomate a veinte mil guaraníes el kilo”, expresó.

