La acumulación acelerada de sedimentos en la desembocadura del río Bermejo, a unos 8 a 10 kilómetros aguas abajo de la ciudad de Pilar, vuelve a encender las alertas sobre la navegabilidad de uno de los puntos más sensibles de la hidrovía Paraguay–Paraná. Ante este escenario, instituciones públicas y actores del sector fluvial avanzan en un protocolo de dragado, monitoreo y control operativo, con el objetivo de evitar restricciones severas al tránsito de embarcaciones en plena temporada de exportaciones.
En entrevista con Central Radio 1140 AM el ingeniero Benjamín Martínez, director de la Dirección de Dragado de la Administración Nacional de Navegación y Puertos (ANNP), quien advirtió que la situación “está tendiendo a agravarse para la navegación en la zona de Pilar”, en un contexto marcado por la persistente bajante del río Paraguay y el arrastre masivo de sedimentos provenientes del Bermejo.
“El Bermejo es un río que nace en la sierra boliviana, tiene unos 1.500 kilómetros de longitud y cada verano incrementa su caudal. Arrastra mucho material fino, limo, árboles y sedimentos que se depositan directamente en el río Paraguay”, explicó Martínez. En condiciones normales, el propio caudal del Paraguay logra “autolimpiar” el canal. Sin embargo, desde hace casi seis años, los niveles de agua se mantienen por debajo de los promedios históricos, reduciendo la capacidad natural de arrastre.
El punto crítico se concentra en un tramo aproximado de un kilómetro, donde el canal de navegación se estrecha y pierde profundidad. Aunque el resto de la hidrovía —desde Cáceres y Corumbá hasta los puertos de Rosario— no presenta mayores dificultades, este sector obliga a fraccionar convoyes, reducir carga y limitar el número de barcazas, impactando directamente en la eficiencia logística de los 3.500 kilómetros de navegación comercial.
“El año pasado, entre febrero y abril, la navegación estuvo muy restringida. Llegamos a tener hasta 600 embarcaciones amarradas en la zona, sin espacio suficiente, con un nivel de congestión muy complejo”, recordó el director.
Adelantarse al pico de sedimentos.
La estrategia para este año apunta a anticiparse al pico de aporte de sedimentos, que suele registrarse entre mediados de febrero y marzo, cuando se intensifica la exportación de commodities.
“Si logramos conformar el canal ahora, en enero, vamos a tener una cierta seguridad para el franqueo”, señaló Martínez. El plan incluye dragado continuo, monitoreo diario de la batimetría, ajustes permanentes de calado y ancho operativo, y una coordinación estricta con la Prefectura Naval y el gremio de capitanes.
Según explicó, si los relevamientos muestran, por ejemplo, un ancho operativo de entre 60 y 80 metros, se deberá reducir el número de barcazas por convoy. También se establecerán prioridades de paso, dando preferencia a embarcaciones que transportan combustibles, a las que navegan aguas abajo y a aquellas que cumplen estrictamente los límites de calado autorizados.
Los trabajos de dragado están listos para comenzar. Solo resta la anuencia de la autoridad argentina, ya que se trata de aguas compartidas. “La draga ya está posicionada. Esperamos que esta semana podamos arrancar, porque el tiempo es apremiante”, afirmó Martínez.
Aun así, el ingeniero advirtió que el desafío no termina con la apertura inicial del canal: “El Bermejo te va cerrando el canal casi minuto a minuto cuando empieza a arrojar sedimentos. Por eso vamos a tener que repasar permanentemente el dragado para sostener la navegabilidad”.
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